Tus décimas tienen diez
pajarillos que aletean,
giran y revolotean
con musical esbeltez.
Pasan una y otra vez
bajo el sol que los perfuma,
pero tú, que entre la bruma
sabes dónde queda el monte,
reconoces al sinsonte
por el color de la pluma.
Tus décimas tienen alas
que pueden llevarte al cielo,
y remontarte en un vuelo
vestido de excelsas galas.
Desde la cima regalas
serpentinas de arrebol,
para que mi caracol
por la arena se pasee,
¡como un iluso que cree
que puede tocar el Sol!